jueves, 30 de diciembre de 2010

Soneto a Cristo crucificado, autor Anónimo


  No me mueve, mi Dios, para quererte
el cielo que me tienes prometido,
ni me mueve el infierno tan temido
para dejar por eso de ofenderte.

¡Tú me mueves, Señor! Muéveme el verte
clavado en una cruz y escarnecido;
muéveme ver tu cuerpo tan herido;
muévenme tus afrentas y tu muerte.

Muéveme en fin, tu amor, y en tal manera
que aunque no hubiera cielo, yo te amara,
y aunque no hubiera infierno, te temiera.

No me tienes que dar porque te quiera,
pues aunque lo que espero no esperara,
lo mismo que te quiero te quisiera.

1 comentario:

  1. Creo que la estrofa final, en principio, en mis años jóvenes y ya tengo 80, decía:
    No me tienes que dar por que te quiera,
    porque si cuanto espero no espera,
    lo mismo que te quiero te quisiera

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